Hoy salimos con la familia muy temprano a navegar y ver ballenas ya que están llegando a la bahía y nos encontramos con un regalo maravilloso, el mar estaba suave y tranquilo; el sol calentaba el viento que nos refrescaba la cara mientras estábamos en la lancha de Oscar; de repente nos encontramos dentro de una escena casi como de un cuento (por lo mágica que resultó). Por más de tres horas estuvimos rodeados de sardinas, delfines, aves que caían en picada al mar y ballenas jugando a unos metros de nosotros. Todos estaban siguiendo su cadena alimenticia y su meta era comerse a las sardinas.
Para hacer más interesante este paisaje y gracias a la tecnología de nuestra época, tuvimos la oportunidad de colocar un micrófono debajo del agua y el canto de los delfines y las ballenas dieron el toque final al maravilloso espectáculo que estábamos observando; motivado por lo que mis ojos veían decidí alejarme un poco del grupo para poder adentrarme en el paisaje y de alguna forma ser parte de lo que estaba sucediendo a mi alrededor y fluir con ello. Entonces sentí una inmensa comunión con la naturaleza, percibí como se revelaba hacia mí mientras me mostraba como las formas, los tamaños, las diferentes intenciones, la variedad de expectativas, las formas de desplazarse, todo coexistía de manera perfecta...ninguno de los animales lucía mejor que otro y ninguno era más importante por el tamaño o más elegante por su forma, todos y todo eran uno con el paisaje.
Esto me llevó a reflexionar como serían los seres humanos en esa misma situación (tratando de atrapar sardinas para comer) y entonces empecé a poner características de gente que conozco a las ballenas, las aves, las sardinas y los delfines...y esto me llevó a entender lo lejos que estamos de nuestra esencia natural.
Creo que no sería una experiencia mágica para nadie ver competir a un grupo de humanos por unas sardinas, porque los humanos cuando más debemos de fluir con el todo es cuando mas nos aferramos al miedo y dejamos de ser naturales y nuestras diferentes formas, tallas, estilos de desplazamiento, etc. nos alejan de los demás y empezamos a romper el equilibrio natural de lo que realmente somos.
Sólo lo reflexioné un poco hasta que me di cuenta que me estaba distrayendo del espectáculo ante mis ojos y me percaté de mi necesidad humana de ponerle palabras a lo inefable de la belleza de la naturaleza, motivado tal vez por mi deseo de poder compartir lo que mis ojos veían. Finalmente decidí volverme parte del todo, ser parte del momento y nada más y hacerlo fue una experiencia indescriptiblemente bella.
2011...año de equilibrio, comunión y respeto entre todos...ese es mi deseo para todos, esa fue la enseñanza que recibí del mar.
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